La imagen de nuestra portada de ayer, del tren pasando junto a las casas del asentamiento de la calle Marco Avellaneda, entre avenida Sarmiento e Italia, es estremecedora. Muestra el riesgo cotidiano de que ocurra una tragedia, tal como lo relatan los habitantes del caserío: “A veces pasa dos o tres veces por día. Ya lo sentimos y escuchamos cuando viene tocando bocina. En ese momento cada uno sale a fijarse dónde están sus hijos o sus mascotas”, cuenta un ocupante.
Se trata de un antiguo barrio popular, absolutamente irregular y de alto riesgo, que comenzó en 1965 y al cual nunca se le dio solución. De los 150 barrios llamados populares o vulnerados (que no cuentan con al menos dos de los servicios básicos como agua, luz o cloacas) este es el más céntrico. En el último relevamiento del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), de 2025, se precisó que en esas dos cuadras vivían menos de 40 familias. Ahora se instalaron una decena de nuevas casillas, hacia el lado oeste, mucho más peligrosas porque están entre la vía y un muro. Esto es, la precariedad de las casillas, que no poseen veredas y abarcan desde las vías hasta el cordón de la vereda, se agrava en este caso por el encierro de sus habitantes. Desde su inicio este asentamiento generó conflictos jurisdiccionales entre las sucesivas empresas ferroviarias (nacionales), el gobierno provincial y el municipio y por ese motivo, pese a varios intentos y planes que se anunciaron, nunca se alcanzó una solución para esas familias que viven en condiciones de extrema fragilidad. En 1995 se había logrado el traslado de sus habitantes mediante un programa que casi logró su cometido; pero quedaron cuatro familias que terminaron siendo el germen de un nuevo caserío, con lo que el esfuerzo quedó en la nada.
El asentamiento representa un enorme desafío para la Municipalidad, ya que pone en jaque el futuro del recién reinaugurado Mercado de la Ciudad (ex Sarmiento), luego de 26 años de su clausura y ubicado a sólo 50 metros, en avenida Sarmiento 1.247. Hay aguas servidas, basura e inseguridad en el sector. “Se está hablando con el Instituto (IPV) para hacer un trabajo en conjunto”, dijo Guadalupe Rearte, directora de Planificación Urbanística de la capital. Añadió que el municipio ya relevó a 135 personas, de 28 viviendas. “Son casillas que no tienen piso ni agua y están colgadas de la luz. Representa un riesgo sanitario muy grave, una situación muy crítica, pero que hay que resolver cuanto antes porque es un espacio público que está muy deteriorado”. A su vez, el titular del IPV, Hugo Cabral, opinó que la reubicación de las familias “es muy viable, no es imposible, sólo que se debe trabajar en coordinación con el municipio y conocer a fondo las necesidades de esa gente”.
Se trata de un requerimiento urbano y social de importancia. Convendría establecer claramente lo que se debe hacer, y cuanto antes, y estudiar qué se hizo mal en el pasado, para evitar otra frustración. “Sería una lástima no darle una solución a este problema, porque se opacaría todo el esfuerzo que hizo el municipio para reabrir el mercado”, agregó el arquitecto.